Crisis en las principales ciudades 2

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La construcción

El asunto ha llegado a ser de tales proporciones que en el 2015, el número de empresas establecidas en Bogotá era el mismo que había en el 2005, mientras que en el resto de Colombia las empresas crecieron un 13 por ciento en esos mismos diez años, según informa la Superintendencia de Sociedades.

Después comenzaron los quebrantos en el sector de la construcción, uno de los que más empleados ocupa. “La verdad escueta –anota Caballero– es que la administración Petro frenó las posibilidades de la construcción en Bogotá y generó mucha incertidumbre entre los empresarios”.

Aquí aparece otra vez la obstinación de las cifras, que son tan testarudas. En el 2010, las autoridades de Bogotá aprobaron un área de 4’326.000 metros cuadrados para construir nuevas viviendas. Pero seis años después, en este 2016 que ya se está acabando, solo se han aprobado 1’800.000 metros. La reducción es del 60 por ciento en seis años.

Lo cual significa, en lenguaje cristiano, que en los últimos años, mientras el número de viviendas nuevas es menor, el número de habitantes es mayor. Eso explica las congestiones, los hacinamientos y los trancones.

Comparen ustedes: en el mismo período, una ciudad como Barranquilla pasó de autorizar 323.000 metros cuadrados nuevos a 722.000. Creció el 123 por ciento. Veamos el mismo fenómeno desde otro ángulo. En esos seis años, el consumo de cemento gris bajó 7 por ciento en Bogotá. En el resto del país subió 55 por ciento.

Más gente pero menos plata

Otro indicador elocuente es el de la salida de viajeros nacionales desde Bogotá. Hace veinticuatro años, en 1992, el 14,8 por ciento de los pasajeros que se movían internamente en Colombia salían de Bogotá. Hoy es el 7,8 por ciento. Ha bajado alrededor del 47 por ciento.

Esa situación, naturalmente, se tenía que reflejar en el aporte que Bogotá hace a la economía nacional. El producto interno bruto (PIB) de un país mide su producción anual a precios del mercado. Pues bien: en el 2004, Bogotá aportaba el 26,6 por ciento del PIB colombiano, pero en el 2014 su aporte fue de 24,8 por ciento. En vez de crecer, bajó 1,8 puntos en diez años.

—Lo cual significa –me dice Caballero– que, no obstante tener más gente, su peso en el desarrollo nacional es menor. Cómo será que en 2010 la ciudad aportó el 6 por ciento en recaudo de impuestos nacionales, pero el año pasado fue solo del 5 por ciento.

 

Como era de esperarse, la propia economía local de Bogotá se ha resentido ante esta realidad. Empresas y hogares han reducido sustancialmente sus gastos porque la ciudad dispone hoy de menos dinero que antes. Por ejemplo, el consumo de energía eléctrica de los bogotanos en el 2005 representaba el 20 por ciento del total del país, pero en el 2015 fue de 16,8 por ciento. En vez de subir, bajó 3,2 por ciento. “Otra vez lo mismo –exclama César Caballero–. Aunque hay más gente y mayor concentración de población, la ciudad consume menos energía”.

Ni para qué decir que las cifras del acueducto son similares.

Fuente: www.eltiempo.com/

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